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El aceite cbd (cannabis) y el T.E.A

el aceite cbd cannabis y el tea 2 de abril
El aceite cbd (cannabis) y el T.E.A

 

"El cbd (cannabis) y el autismo: una vía de esperanza"

 

El Trastorno del Espectro Autista (TEA) es un trastorno en el desarrollo neurológico que suele diagnosticarse en niños muy pequeños, entre los dos y cuatro años, aunque a veces se puede detectar antes de los 2 años de edad. El autismo tiene diferentes grados de severidad. Los niños autistas ven deterioradas sus habilidades sociales, tienen problemas de comunicación y desarrollan comportamientos repetitivos. Cuando crecen, pueden ver limitadas sus capacidades para desenvolverse en entornos sociales, escolares y laborales.

 

El autismo no es una enfermedad y por tanto, no hay ningún fármaco que pueda curarla. Los medicamentos que toman los niños autistas están diseñados para tratar los diferentes síntomas que presenta el TEA, aunque en los casos más graves los efectos de los medicamentos pueden durar solo unas horas. Son medicaciones que están aprobadas para tratar la depresión, la ansiedad o el TDAH (Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad). A veces estos medicamentos les agudizan los comportamientos obsesivos y el insomnio.

 

¿Qué síntomas tiene el autismo?

 

El autismo se diagnostica cuando el niño llega a la edad que tendría que empezar a interactuar con el entorno, aproximadamente entre los dos y cuatro años. Los niños afectados de TEA tienen una capacidad limitada para relacionarse con las personas, ya que tienen dificultades para comprender y utilizar las señales no verbales como el contacto visual, las expresiones faciales, los gestos y el lenguaje corporal. Esto les incapacita para comprender los sentimientos de los demás y para expresar sus propios sentimientos de manera adecuada.

 

El autismo también se manifiesta con comportamientos repetitivos. Los niños pueden balancearse, incluso golpearse repetidamente la cabeza contra la pared, agitar las manos o repetir palabras o ruidos. Son muy poco flexibles con respecto a las rutinas establecidas y se resisten a las interrupciones o modificaciones en sus hábitos, como sería un cambio de horario, por ejemplo. También pueden tener dificultades para tolerar estímulos sensoriales como ruidos fuertes o luces brillantes que pueden desencadenar crisis de rabia que se manifiestan en berrinches en los niños. Muchos tienen dificultades para dormir.

 

Si bien las dificultades en las relaciones sociales y en la comunicación junto con los comportamientos inusuales definen el TEA, los afectados pueden tener una amplia gama de habilidades intelectuales y del lenguaje. La mayoría tiene una discapacidad leve o moderada, mientras que otros tienen una inteligencia superior a la media. Estos últimos pueden tener unas facultades que superan en gran medida la media de la población en áreas como la música, las matemáticas o la memoria.

 

Algunas personas con el trastorno de espectro autista no hablan en absoluto, mientras otras usan el lenguaje con fluidez. En estos últimos casos, sin embargo, pueden tener problemas asociados con la comunicación: pueden tener una voz monótona, tener gestos vocales inusuales o elegir temas de conversación sorprendentes.

 

Muchos autistas presentan también crisis epilépticas (en un 30%), trastornos gastrointestinales, ansiedad y/o depresión.

El caso de Benjamín, un niño autista de 4 años

 

Ben y su madre Sharon viven en un pueblo al norte de Israel. Antes de salir para ir al supermercado, el niño se golpea repetidamente la cabeza contra la pared. Gira en círculos a toda velocidad chillando a todo volumen. Mientras Sharon intenta calmarlo, el se baja los pantalones y defeca en el suelo.

 

Cuando salen del apartamento, Benjamín se escapa de la mano de su madre y está a punto de ser atropellado cuando cruza hacia la otra acera. Van al supermercado, pero a media compra tienen que salir porque Ben está gritando mientras va tirando al suelo todos los artículos de la estantería.

 

Sharon se había mudado desde Estados Unidos cuando nació Ben. Como madre soltera, creyó que viviendo en un pequeño pueblo de Israel se sentiría más apoyada por la comunidad. Cuando se le diagnosticó autismo, Ben empezó a tomar todo el espectro de medicamentos habitual. Por aquellas fechas estaba tomando Ritalin, un medicamento que suelen tomar los afectados por TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) También había probado anti psicóticos y una mezcla de antidepresivos y medicamentos contra la ansiedad. No solo no le ayudaron, sino que se volvía más hiperactivo cuando desaparecían los efectos.

 

Un día, mientras solicitaba la receta del Ritalin, Sharon le comentó al farmacéutico los efectos secundarios del medicamento y éste le sugirió que contactara con el Dr.Adi Aran, neurólogo pediátrico de Jerusalén que había empezado a experimentar con el cannabis medicinal para niños como Benjamín. Sharon se resistió al principio, pero después de informarse y ver videos que habían hecho los propios padres sobre el cambio que se había producido en sus hijos después de tomar cannabis medicinal, decidió contactar con el Dr. Aran y fue a visitarle al Shaare Zedek Medical Center.

 

El Dr. Aran, después de ver la gravedad de los síntomas de Ben y la larga lista de medicamentos que había probado sin éxito, decidió incluirlo en el programa que estaba llevando a cabo para administrar cannabis medicinal a niños autistas. Sharon se fue a casa con una receta para un aceite hecho de una cepa de cannabis con la formulación adecuada, y la documentación para registrar el progreso del niño.

 

Después de dos semanas de tomar la nueva medicación, Ben estaba más tranquilo. Respondía cuando su madre le hablaba y podría quedarse quieto y mantener el contacto visual. Si iban de visita a casa de algunos amigos, el niño podía estar en otra habitación jugando tranquilamente. Sharon pudo sacar el acolchado de todos los muebles y de las paredes. En pocos meses los maestros de la escuela con necesidades especiales le comentaron  a Sharon que Ben estaba preparado para pasar a un aula estándar.

 

Este caso, recogido por la revista Newsweek en 2018, es ilustrativo de la grave situación que viven las familias con niños diagnosticados con TEA severo. Casos como el de Ben o el de Charlotte Figi, la niña de Colorado con epilepsia refractaria a quien el cannabis le cambió la vida, dan visibilidad mediática a las posibilidades que ofrece el cannabis a unos trastornos que afectan a cada vez a más niños en el mundo. En Europa los estudios epidemiológicos apuntan que el TEA afecta al 1% de los nacimientos, mientras que en Estados Unidos el porcentaje es mayor, llegando a 1 cada 88 niños.

 

El futuro del cannabis medicinal y el autismo

 

El estudio del Dr.Aran está dirigido a comprobar qué tipo de cannabis es el más indicado para las personas afectadas por el Trastorno del Espectro Autista. A un grupo de pacientes se les suministra aceite extraído de toda la planta del cannabis, con extractos e impurezas, y al otro grupo un aceite que contiene 20 partes de CBD puro y una de THC puro. Esta es la formulación del medicamento contra la epilepsia.

 

Con los resultados obtenidos se podrá comprobar si son más efectivos los cannabinoides puros o lo que en realidad funciona es el efecto séquito. Este término, que acuñó por primera vez Raphael Mechoulam, se refiere a la idea de que los muchos compuestos del cannabis funcionan mejor cuando trabajan juntos.

 

Los resultados del estudio del Dr. Adi Aran serán decisivos para que los tres principales productores de cannabis medicinal de Israel (Tikun Olam, Breath of Life y Better) lancen al mercado un medicamento con la fórmula óptima para estos pacientes.

 

Por el momento, un medicamento como el Epiodiolex, autorizado en Europa para tratar los casos de Epilepsia refractaria –se denomina así a la Epilepsia que no se controla con ninguna de las medicaciones disponibles en la actualidad- abre una vía de esperanza a los padres con niños autistas, ya que muchos de estos niños también sufren ataques epilépticos.

 

Los resultados de las numerosas investigaciones sobre los efectos terapéuticos del cannabis y los cannabinoides (CBD, THC, CBDV, etc.) en el Trastorno de Espectro Autista podrán convencer a la clase médica de las posibilidades de ofrece el cannabis para tratar a estos pacientes.

 

Los neurólogos pediátricos todavía no saben qué hacer a la hora de recetar cannabis a los niños autistas, ya que se encuentran en un círculo vicioso: no lo recetan porque no hay suficientes estudios sobre sus efectos, pero estos estudios no se pueden hacer porque hay temor a recetar la marihuana en niños.

 

Como dice el Dr.Aran en Newsweek, “darle marihuana a los niños es impensable, pero el CBD no es una droga. Es un medicamento”.

 

El CBD esta ayudando y cambiando el mundo de la medicina tanto para personas que sufren del dolor como para el autismo 

 

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